dejando caer las ultimas gotas de sangre, sabiendo sus venas secas, se retiro, su cuerpo flotaba entre las nubes y a la ves se quemaba en el infierno. Sus pestanas se volvieron seniza. Sus pesadillas se desvanecieron entre la lluvia.
El la amaba, mas que a su vida, amaba lo que eran juntos, amaba lo que veia en sus ojos; su reflejo.
Ella le pertenecia, solo de el o de nadie.
Ahora es de nadie.